BIBLIOTHECA AUGUSTANA

 

Leonor López de Córdoba y Carrillo

1362/63 - poco después de 1412

 

Memorias

 

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16. Y después que mi marido vino, como dicho es, fuese en casa de mí señora mi tía, que era en Córdoba junto á Sant Hipólito, y á mí y á mi marido me acojió allí en unas casas junto á las suyas. Y viéndonos con poco descanso, fize una oración á la Virgen Santa María de Belén treinta días: cada noche rezaba trescientas aves marías de rodillas para que pusiese en corazón á mi señora que consintiese abrir un postigo á sus casas. Y dos días antes que acabase la oración, demandó á mí señora mi tía que me dejase abrir aquel postigo, porque no viniéramos por la calle á comer á su mesa, entre tantos caballeros que había en Córdoba; é la su merced me respondió le placía, é yo fui muy consolada. E quando otro día quise abrir el postigo, criadas suyas le habían vuelto su corazón que no lo hiciese. Y fui tan desconsolada que perdí la paciencia. E la que me hizo más contradicción con mi señora mi tía, se murió en mis manos comiéndose la lengua. E otro día, que no quedaba más que un día de acabar mi oración, sábado, soñaba que pasando por Sant Hipólito, tocando el alba, vía en la pared de los corrales un arco muy grande y muy alto, é que entraba yo por allí y cogía flores de la sierra y veía muy gran cielo. Y en esto desperté é oré esperanza en la Virgen Santa María que me daría casa. En esso vino un robo de la judería, é tomó un niño huérfano que tenía para que fuese instruido en la fée. Hícelo baptizar para que fuese instruido en la fée; y un día viniendo con mi señora mi tía de misa en Sant Hipólito, ví repartir á los clérigos de Sant Hipólito aquellos corrales, donde soñé yo que había el arco grande; y le supliqué á mi señora mi tía Doña Mencía Carrillo que fuese servida de comprar aquel sitio para mí; pues había diez y siete años que estaba en su compañía y me las compró, dándolas con la condición que señalaba, que se hiciese una capellanía impuesta sobre las dichas casas por el alma del Señor Rey Don Alfonso, que hizo aquella iglesia á nombre de Sant Hipólito, porque nació él á tal día. E tienen estos capellanes otras seis ó siete capellanías de Don Gonzalo Fernández, marido de la dicha señora mi tía, é Don Alonso Fernández, Señor de Aguilar é del Mariscal, sus fijos.

17. Entonces, hecha esta merced, alcé los ojos á Dios y á la Virgen María, dándole gracias por ello; y ende llegó á mí un criado del Maestre, mi señor y Padre, que vive con Martín Fernández, Alcayde de los Donceles, que allí estaba oyendo misa. Enviéle á pedir con aquel criado suyo, para que como pariente, le diese las gracias á mi Señora mi tía de la merced que me había hecho; y á él plúgole mucho y así lo hizo con buena mensura, diciéndole que esta merced recibía él por suya. E dádome la posesión, abrí una puerta en el sitio y lugar que había visto el arco que la Virgen María me mostró. E á los Abades les pesó que me entregasen el dicho solar, porque yo era de gran linaje, y que mis hijos serían grandes, y ellos eran Abades y que no habían menester grandes caballeros cabe sí, y yo túvolo por buen proverbio, y díjeles esperaba en Dios que así sería, y concertéme con ellos de tal manera, que abrí la puerta en aquel lugar donde yo quería. E tengo que por aquella caridad que hico en criar aquel huérfano en la fée de Jesu-Christo, Dios me ayudó á darme aquel comienzo de casa.

18. E de antes de esto, yo había ido treinta días á maitines ante Santa María, el Amortecida, que es en la orden de San Pablo de Córdoba, con aguas y con vientos y descalza, é rezábale sesenta y tres veces esta oración, que se signe con sesenta y seis Aves-Marías, en reverencia de los sesenta y seis años que ella vivió con amargura en este mundo, porque ella me diese casa, é ella me dió casa y casas por su misericordia, mejores que yo las merecía, y comienza la oración:

 

Madre Santa María,

De vos gran dolor había;

Vuestro fijo bien criado

Vístelo atormentado:

Con tu gran tribulación

Amortecíósevos el corazón:

Después de tu tribulación

Puso vos consolación:

Ponedle vos á mí, Señora,

Que sabéis mi dolor.

 

En este tiempo, pluguiese que con el ayuda de mi señora mi tía y de labor de mis manos, hice en aquel corral dos palacios y una huerta é otras dos ó tres casas para servicio.

 

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COMENTARIO

 

16. Ostos, en su Vida del Beato Alonso de Córdoba, aclara esto diciendo que Doña Leonor refiere que muchas noches á la hora de maitines, que se decían siempre á media noche, y abiertas las puertas de la Iglesia, pidiéndolo así la devoción común de los fieles, acudía descalza al Convento de Nuestra Señora de la Amortecida. Con este término, estilo de aquel tiempo, nombra una imagen del Espasmo de la Virgen que tenía el Convento en su Iglesia, y hoy está en el arco que de la primera cuadra de la portería da paso á la segunda para bajar al claustro.

17. El robo de la Judería en Córdoba ocurrió á principios de Agosto del año de 1392; el año anterior hubo igual saqueo en Sevilla por las predicaciones que contra las usuras de los Judíos hizo el Arcediano de Écija D. Fernando Martínez. Y no fueron robos solamente, que hubo mucha mortandad de hebreos á manos de las iras populares.

Por esta cita de Doña Leonor consta que después del año de 1392 fue la adquisición de los solares.

La colegiata de Sant Hipólito en Córdoba fue ciertamente erigida por la devoción de Don Alonso XI, según la Bula de Clemente VI, por ser el día de ese santo el del nacimiento del Rey, eo quod fuerit natalis tui dies, y además por haber ganado en él una señalada batalla á los moros, et quia etiam eo die aliqua insignia praelia sub sua protectione commissa ex mauris reportaveris. (Biblioteca Nacional, Códice DD, 96).

En la carta de fundación y dotación de dicha iglesia consta que puso en ella el Rey un Prior y nueve Canónigos y los servidores, «para que cantasen misas é rezasen las horas cada día continuadamente... é rogasen á Dios por la nuestra vida, é por la nuestra salud é por las almas de el Rey Don Ferrando, nuestro Padre, que Dios perdone, que yaze enterrado en la dicha ciudad de Córdoba, é de los once reyes onde nos venimos». La fecha de este documento es de Alcalá de Henares, á 25 de Enero de 1386.

En carta fechada sobre el Real de Alcira (sic) á 17 de Julio, era de 1381, había concedido al monasterio de Sant Hipólito (luego colegiata) «todos los bienes muebles é raíces que fueron de Martín Pérez el Pariente é de Rui Pérez de Castro, los quales bienes eran de la nuestra cámara; é estos bienes son en Córdoba é en su término».

En la Biblioteca Nacional, Códice citado, existe M. S. la dotación de la capilla mayor antigua de Sant Hipólito de Córdoba, hecha por Gonzalo Fernández y su mujer, señores de la villa de Aguilar. Esto compruébala verdad de lo que Doña Leonor López de Córdoba asegura.

A esa iglesia colegial fueron trasladados desde la Catedral de Córdoba los cuerpos de los Reyes Don Fernando IV y Don Alfonso XI.

El Sr. Montoto ha observado muy juiciosamente que el Mariscal de que Doña Leonor habla fue Diego Fernández de Córdoba, Mariscal de Castilla, que, según Fernán Pérez di Guzmán en sus Generaciones y Semblanzas, murió en edad de ochenta anos, y cuyo linaje, departe de su padre, venía de Córdoba, así como por parte de madre, de los Carrillos. Al propio tiempo discretísimamente ha notado que Garibay cita á Don Alonso Fernández de Córdoba, señor de Aguilar, y á su hermano Don Diego, que son los mismos á que se refiero Doña Leonor en sus Memorias. A esto hay que agregar que el Padre Mariana llama á los hermanos Alonso y Diego Fernández de Aguilar señores de mucha cuenta.

18. La oración que copia Doña Leonor debía ser antigua; lo menos de un siglo antes. Con este motivo, recuerdo haber leído en un ms. de la Colombina (B. 4.a, 449-17) el siguiente epitafio en verso:

 

Los que este escrito vieredes leer

Pensad qué sodes é qué avedes á ser;

Que la muerte es muy cruel, esto es verdad,

Non quiere aver al home merce ni piedad.

A viejos é mancebos é niños sin edad

A todos los pone en una igualdad.

 

Aquí yaze Rui García, fijo de García Ruiz é finó quince días de Agosto, era mcccxxxv años (año de 1297).

Estaba este epitafio en Santa Leocadia de Toledo. Es otra curiosa muestra del habla castellana en aquella edad.