BIBLIOTHECA AUGUSTANA

 

Hernando de Baeza

h. 1510

 

Las Cosas de Granada

 

h. 1510

 

_____________________________________________________________________

 

 

 

Entrega de las llaves de la ciudad de Granada por el rey musulmán Boabdil a la reina Isabel I de Castilla,

pintado por Francisco Pradilla y Ortiz, 1882

 

LAS COSAS QUE PASARON ENTRE LOS

REYES DE GRANADA DESDE EL TIEMPO DE EL RREY

DON JUAN DE CASTILLA, SEGUNDO DE ESTE NONBRE,

HASTA QUE LOS CATHOLICOS REYES GANARON EL

RREYNO DE GRANADA, SCRIPTO Y COPILADO POR

HERNANDO DE BAEÇA, EL QUAL SE HALLÓ

PRESENTE À MUCHA PARTE DE LO QUE

CUENTA, Y LO DEMÁS SUPO DE

LOS MOROS DE AQUEL REYNO

Y DE SUS CORÓNICAS.

 

――――――――

 

Hernando de Vaeça: de la suma que hizo estando en Granada

de las cosas de aquel rreyno.

 

Pocos años después que el glorioso Rey don Juan fué de hedad para poder pelear, siendo rrey de Granada Muley baudeli alayçar, que quiere dezir el Rey mahoma el yzquierdo, el dicho rrey don Juan enbió con gran poderio á la vega de Granada por dos años, uno en pos de otro, y taló los panes y panizos, y al tercero año assentó el rreal en la vega dicha casi junto á una acequia, que dicen el azequia grande, que es una legua de la cibdad en el camino que va de Alcalá á Granada, y de alli hazia muy cruda guerra á la cibdad: y con la tala que los años antes se auia hecho tenian muy gran necessidad. Y un dia los moros pensando hacelle leuantar el rreal, o á lo menos hacelle apartar algo más, juntóse el rrey con gran número de caualleros y peones, y salieron muy poderosamente házia la parte de el rreal, y el rrey don Juan hordenó sus vatallas, y pasó denodadamente el azequia házia la parte de la cibdad, y en tal manera se uvo que los caualleros moros se retruxieron, y los peones muchos de ellos viéndose perdidos y apartados de la cibdad, y que los caualleros los avian desamparado, juntáronse en una vatalla, pensando poderse defender, y los caualleros y peones christianos hirieron en ellos muy rreciamente, y en espacio de una ora o poco más murieron todos los peones moros, que algunos quieren decir que fué en cantidad de más de cinco mili, y es opinión de muchos que no murió ningún christiano. Y porque junto á donde esta vatalla fué auia una higuera muy grande, llamáronle los christianos, la vatalla de la higuera grande, y los moros el mismo nombre, que dizen en arauígo acijara quibira, y asi le llaman hasta oy. Rrecogieronse todos los moros á la cibdad, y viendo su perdición acordaron de hacer al rrey un gran seruicio, y le pedir pazes, y fué así, y levantóse el rreal. Dende á pocos dias falleció este rrey moro, y alearon por Rey a Muley Çad, el qual en su Reynado, según dizen, fué rrey muy rriguroso, por lo cual los moros se leuantaron contra él, y lo echaron de la cibdad y alearon otro rrey. Este Muley Çad, saliendo huyendo de la cibdad, se vino á la villa de archidona, que á la sazón avn era de moros, y de ay tomó saluo conducto de los capitanes de la frontera para enbiar al principe su hijo, llamado Abulhacen, al dicho rrey don Juan, él qual entró con ciento y cinquenta de cauallo, que hera la flor de la caualleria que el padre tenia: entre los quales vino un gran cauallero que dezian Abenamar, aquel á quien dice el Romance que preguntó el rrey don Juan: ¿Qué Castillos son aquellos? Este príncipe Abulhacen con sus caualleros, y otra mucha gente que le acompañó, assí christianos, como moros, fué hasta la villa de olmedo, donde el dicho rrey D. Juan estaba, al qual dió su enbaxada, la cual era esta:

«Que el rrey su padre le besaua las manos y los pies de su señoría y la tierra que hollaua debaxo de sus pies, y le hazia sauer como i causa que el Rey su padre rreprehendia y castigaua muchos excessos y males que halló en la cibdad de granada y en su rreyno al tienpo que él reinaua, y porque quería gouernallos y tenellos en justicia, se avian lebantado contra él, y le avian echado de la cibdad, y avian elegido otro Rey, á quien según los usos y costumbres y su ley y jara y çuna, que es casi como derecho canónico y cevil, él era el Rey, y el otro no; que suplicaua á su señoría como poderoso rrey y señor, que le ayudase y faboresciese para que boluiese á su estado y rreyno, y que demás de hazer en aquello como los rreyes y señores suelen hazer a los que en aquella manera se meten por sus rrey nos, y piden su fabor, que le hazia juramento y le prometía de le ser siempre leal seruidor, y todos los lugares que en el rreyno se boluiesen á le obedescer, tenellos a su seruicjo, y no tener guerra con sus rreynos y señoríos, antes tenelle como por Señor y muy verdadero amigo.»

Oyda esta embaxada, el rrey mandó aposentar al dicho príncipe, y á sus caualleros y gentes en la morería de aréualo á donde estuuo algunos dias: Con el qual dicho rrey se holgaua mucho de comunicar, y ver á él y á los suyos caualgar á la gineta, porque heran muy buenos caualleros, y muy diestros 1) en la silla, así en el jugar de cañas, como en otras cosas.

Dende a pocos dias el rrey mandó dar sus cartas para todos los caualleros de la frontera para que ayudasen y faboresciesen a el dicho rrey, y acudiesen á sus cartas y rruegos, y mandó pregonar por toda la frontera pazes con todos los lugares que se tornasen al seruicio de el dicho rrey Muley Çad; y dio ciertas cartas firmadas de su nombre, é ynterpretadas por sus intérpretes para ciertos caualleros de la cibdad de granada, y su albaycin para que el rrey moro suplicó que se escriuiesen: las quales con el pregón y favor que el rrey don Juan avia dado, el rrey moro embió secretamente sus criados á la cibdad, y los de Granada vistas las cartas se leuantaron luego por el dicho Rey Çad, y echaron fuera al otro rrey, el qual salió al alpuxarra, que es una gran parte de el rreyno de Granada, y casi ynexpunable, según la graueza de la tierra. Lo qual sabido por el rrey moro Çad, entró luego en la cibdad, y fecho sauer á el rrey don Juan lo acaescido, y dándole muchas gracias por ello, y fecho un presente lo mejor que según su proveza, le embió diese licencia al Principe su hijo para que se fuese á él. Lo qual fué muy graue á el rrey D. Juan, y mucho más á el príncipe D. Enrrique su hijo, porque se holgaua mucho con él y con sus caualleros. Mas no pudo hazer más de dalle muchas cosas de paños y de sedas, y otras muchas mercedes; y rrogóle que le dexase alli ciertos caualleros, pienso que fueron hasta treynta de á caballo, de los quales pienso que quedó por caudillo Avenamar, y así se tornó el principe á su tierra con su padre.

Dende á pocos dias los moros de la cibdad de granada que tenían buena voluntad al otro rrey que estaua fuera, carteáronse con él para le'rrecibir en la cibdad; y el concierto fué que viniese por la sierra neuada por que no fuese sentido. De aquesto fué auisado el rrey Çad que estava en la cibdad; y muy secretamente se puso su hijo en una celada encima del camino por dó el Rey que venia auia de pasar, y allí ouieron su vatalla, y el príncipe Muley Abulhacen prendió al rrey moro, y lo truxo al alhambra, y el padre le mandó degollar, y ahogar con una touaja á dos hijos suyos de harto pequeña hedad; y porque al tiempo que lo degollaron, que fué en una sala que está á la mano derecha del quarto de los leones, cayó un poco de sangre en una pila de piedra blanca, y estuvo alli mucho tiempo la señal de la sangre, hasta oy los moros y los christianos le dizen á aquella pila, la pila en que dégollavan á los Reyes. Con esta victoria y justicia el padre y el hijo sojuzgaron admirablemente la cibdad.

No passó mucho tiempo que este rrey viéndose en necessidad, porque los rreyes pasados avian disipado largamente la corona rreal, vendiendo gran parte, o casi todas las posesiones que pertenescian al patrimonio rreal, comentó á tender la mano en tomar algunas de ellas, de lo qual los moros tomaron mucho dessabrimiento, y creyendo que el hijo los trataría mejor, acordaron de leuantalle por rrey, é hizieronlo ansí. Lo qual luego que con él lo comunicaron, él prendió á su padre, y lo embió cauallero en una asemilla con cinquenta de á caballo á la fortaleza de salobreña que es un castillo que está en una rroca muy alta en la costa de la mar, el qual bate en la misma roca, y es lugar muy enfermo de cisiones mataderas, á donde los rreyes moros solían poner á las personas que no querían degollar, sino matallos en algún breue tienpo. Y allí estuvo el rrey muy poco tiempo, porque luego fallesció, y por tres o quatro criados suyos de los que allí le estauan aguardando fué traydo su cuerpo á la cibdad de granada, y subido al alhambra sin ninguna veneración y acatamiento, y allí fué sepultado en el lugar dó solían enterrar los rreyes.

Aleado por rrey este príncipe que dezimos, casóse con una muger que pienso que fué hija de aquel rrey que su padre antes auia degollado, con la qual estuuo casado pacíficamente por espacio de veynte años, o poco menos, y uvo en ella tres hijos varones y una hija, que todos fueron muy notables y valerosas personas. Estando ansí casado y siendo el más estimado y temido rrey de quantos uvo en aquel tiempo muchos años antes, subcedió que ciertos Almogauares moros quisieron entrar á saltear en la tierra de los christianos, y el adalid que los lleuaua era natural de aguilar, que es un lugar siete leguas de córdoua; y acordó que un sábado en la noche, porque otro dia domingo no salían las gentes al trabaxo y el campo estaría seguro, de los poner cuerea de una fuente de aguilar; é hízolo ansí, y saliendo ciertos niños á dar agua á sus bestias, los captiuaron, entre los quales tomaron una móchela de diez, o doze años, la qual vendiéndose con los otros niños en granada, la tomaron en el quinto que pertenescia á el rrey, el qual la dio á su hija, y tenia el cargo de barrer la cámara. Y en verdad que yo la conoscí muchos años adelante después, y á lo que me paresció no auia sido muger de buen gesto. Estando pues ella en casa del rrey, como todos los rreyes moros por la mayor parte fuesen muy dados á la luxuria, especialmente este que tenia por prosupuesto lleuar tocias las donzellas de su casa por un rrasero, emboluióse con esta por yntercesion de un pagecjeo suyo, y entre las otras noches que la enbió á llamar, fué una en que todas las donzellas de la rrey na fueron auisadas dello 2), y supieron como auia passado á una cámara donde el rrey estaua, y que el page la avia lleuado, y aguardáronla a la buelta, y con las chancas de sus pies le dieron muchos golpes, hasta que quedó casi muerta.

El Rey muy sentido de esto, pensó que auia sido por mandado de la rreyna; y luego otro dia por la mañana enbió á el page para que la tomase y la pasase por la huerta de la casa á otro aposentamiento de otra casa que estaua junto á la dicha huerta: y todo esto es agora el monesterio de sancta Ysabel la rreal. Y embió á llamar al mizuar, que hera la guarda mayor de su estado y persona, y su justicia mayor, y mandóle que se pasase con su guarda á la otra puerta de la casa, porque aquella era la señal por donde se sauia que la persona rreal estaba en qualquier lugar que aquella guarda estuuiese, y pasóse él allí luego de mañana sin dezir palabra á la rreyna ni á otra persona: y enbió por sastres y plateros y sederos, y mandó hazer rropas y joyas de estado rreal á aquella muger, las quales no se cree que otras semejantes oviese tenido rreyna alguna de granada. Dende á pocos dias vino la pascua de los moros, á donde es uso entre ellos que todos generalmente, chicos y grandes, hombres y mugeres, suben á hazer reuerencia y vesar el pie al rrey y las mugeres á la rreyna la mano, y consultado el rrey por los grandes á quien avian las mugeres de subir á hablar y dar las buenas pasquas, respondió que á la Romía. Este nombre rromía suelen los moros llamar á las christianas que se tornan moras, porque no les ponen nombres de moras, sino diferentes de ellos, y casi por sobrenombre hasta que mueren le dicen Romía, que quiere decir persona que fue subjeta al señorío rromano. Y asi se hizo como el rrey lo mandó, y desde allí adelante hizo vida con ella, y fué tenida por rreyna, y nunca jamas habló ni vido á la rreyna su muger: antes ella con sus hijos tenia su casa y estado y gente en el quarto de los leones, y el rrey en la torre de comares con la otra rreyna, en la qual uvo dos hijos que después fueron christianos, y se llamó el mayor de ellos don fernando, por el rrey católico que fue su padrino del baptismo; y el menor D. Juan, por el excelentísimo príncipe D. Juan, que ansi mismo lo sacó de pila.

Estando pues este rrey metido en sus vicios, visto el desconcierto de su persona, leuantaronse ciertos caualleros en el rreyno, así criados de la rreyna como de el rrey su padre de ella, y alearon la obediencia del rrey, y hicieronle cruda guerra: entre los cuales fueron ciertos de los que decían abençarrages, que quiere dezir los hijos del sillero, los quales eran naturales, de allende, y auian pasado en esta tierra con deseo de morir peleando con los christianos. Y en verdad ellos eran los mejores caualleros de la gineta y de lança que se cree que ovo jamas en el rreyno de Granada; y aunque fueron casi los mayores señores del Rey no, no por eso mudaron el apellido de sus padres, que eran silleros: porque entre los moros no suelen despreciarse los buenos y nobles por venir de padres officiales. El rrey, pues, siguió la guerra contra ellos, y prendió y degolló muchos de los caualleros, entre los quales un dia degolló siete de los abençarrajes; y degollados, los mandó poner en el suelo, uno junto con otro, y mandó dar lugar á que todos los que quisiesen los entrasen á ver. Con esto puso tanto espanto en la tierra, que los que quedauan de los avençarrajes, muchos de ellos se pasaron en Castilla, y unos fueron á la casa del duque de medinasklonia, y otros á la casa de aguilar, y ay estuuieron haziendoles mucha honrra a ellos y á los suyos, hasta que el rrey chiquito, en cuyo tienpo se ganó granada, rreyno en ella, que se bolvieron á sus casas y haziendas: los otros que quedaron en el Reino poco á poco los prendió el Rey, y dizen que de solo los abençarrajes degolló catorze, y de otros caualleros y hombres esforzados y nombrados por sus personas, fueron, según dizen, ciento veinte y ocho, entre los quales mató uno del Albaicin, hombre muy esforzado, y aunque no hera del linage, por su persona hera muy valido y temido. Y paresceme á mi que es bien que la manera y causa de su muerte se escriua aquí. Este auia sido desde i niño criado del Rey, padre de la rreina, y después que el padre murió, quedóse con la hija donzella, hasta que ella se casó con el Rey; y después que se casó, vivió con el rrey siempre, y todavía se halló con él en muchas guerras que hizo, de manera que el rrey vido bien el esfuerzo y bondad de su persona, y a esta causa le dio tanta parte de sí, y le fauoresció tanto que casi mandaua todo el aluaizin. Estubo con este fauor en seruicio del Rey hasta tanto que se apartó de la rreyna, y hizo vida con la Romía. Entonces él se apartó de ver al rrey, y de le seguir, antes seguía á la Rey na, y la seruia, y no solamente no seguía al Rey, mas aun ponia lengua en él; lo qual fue dicho muchas veces por algunos grandes de su casa, y él daua lugar á ello por ser tan esforzado hombre y criado tan antiguo de la casa. Y no embargante que por muchas personas era reprehendido y amonestado á que callase, jamás lo quiso hazer, hasta tanto que por el mismo rrey le fue embiado á dezir que cesase su lengua, porque él no le quería hazer mal. No bastó esto para hazerle callar, y ubo algunos grandes que en presencia del Rey murmuraron de ello, y aun casi culpauan al rrey porque no lo remediaua 3). Un día el rrey le mandó llamar a una huerta en su casa, y mandó que le llegasen junto á una puerta que pasaua de la huerta al aposentamiento de el rrey; y el rrey púsose detras de la puerta por oir con sus propios oydos lo que pasaua, y el sintió bien que era traydo allí para que el rrey lo oyese, y el alguacil mayor, que, era casi la misma persona de el rrey, porque los rreyes moros siempre, cuando hablauan al pueblo, particular o generalmente, en presencia o ausencia del Rey, endereçauan el habla á su alguacil mayor, y el alguacil mayor la manifestaua al pueblo, y lo mismo se hazia en la rrespuesta, y el alguacil le dixo ansí: el rrey nuestro señor, ensalce Dios su honrra y acresciente su estado, te haze sauer, que por muchas personas, y en diuersas vezes le es dicho quan feas palabras dizes de su alto estado, y aun que si pudieses pornias las manos en su venturosa persona, y que por algunas causas no te ha mandado castigar, antes te ha enbiado á dezir que te apartes de lo que dizes, y que te tornes á su seruicio como antes estauas, y que te hará mercedes, y no lo as querido hazer, antes as rrespondido palabras muy odiosas. Y porque su rreal persona tiene creydo que las gentes muchas vezes dizen más de lo que es, quiso que yo te hablase aquí en este lugar, donde su rreal persona fuese cierta de la respuesta de tu boca. Yo de parte de Dios, y de su rreal estado te digo que te quites y te apartes de esto que hablas, y quites de ti la mala voluntad que le tienes, y se la tengas buena; y que él, pues te quiso bien, no te querría hazer mal. Desque el alguazil obo dicho estas palabras y otras muchas, y él sintió que la persona del rrey estaua alli oyendo, dijo ansí: Señor, ¿tiene vuestra honrrada persona más que dezir? El alguacil respondió que no, y él entonces díxole: á lo que, señor, dezis, que han dicho a su real persona que yo le tengo mala voluntad, ¿como se la puedo yo tener buena? Dexo yo hauer muerto á mi señor el rrey, que en esto no me entremeto, que fué sobre rreynar, y prendióle en batalla, y tuvo rrazon. Y viendo yo que la tenía, luego que se casó con la rreyna mi señora, su hija, yo me metí en su seruicio, y en todas las entradas que hizo 4) en tierra de christianos, yo fui en su delantera 5) y hize en su seruicio todo lo que buen criado deue hazer, y lo mismo en las otras diferencias que ha tenido: de todo, lo qual el mejor testigo que yo tengo es su venturosa persona. Y á lo que dicen que si yo pudiese pornia las manos en su alta persona, eso no plegué á Dios que á mí me aya pasado tal cosa por el pensamiento; que yo se que está en la tierra su alta persona en lugar de Dios. Y á lo que v. m. dize, que quite de mi boca las palabras feas que digo, y le tenga buena boluntad, esto sea cierto su real persona, que yo no lo podré hazer, porque hauiendo dexado á mi señora la rreyna, siendo ella Rey na, é hija de rrey, y tan noble persona, y madre de tantos y tan nobles hijos, y quitalla de su estado, y poner en él á una esclava suya, no ay paciencia que lo sufra, ni me baste; y crea su alta persona que si yo supiese que en mi cuerpo aya alguna partezilla que la quisiese bien, y esta fuese mi ojo derecho, con esta punta de este puñal me lo sacaria.

Oydas por el Rey estas palabras, dixo luego: maten luego á ese desgraciado; y allí fue luego muerto. Y pasó tan adelante la crueldad de este rrey, que bastó para no dexar en su rreyno hombre que fuese de hecho en cosa de guerra ni de consejo; y traya casi por rrefran: matalde, que el muerto nunca hizo mal á nadie; y asi tenia en tan gran subjecion el rreino todo que casi todos temblauan de él en oyr su mandado.

Mandó una vez juntar su gente, y hizo una entrada hazia el Reyno de murcia y entró en dos lugares que dicen Cieça, y Villacarrillo, y captiuó todas las personas dellos, y metiólos por granada atados en una cuerda, que pienso que serian más de dos mili entre hombres y mugeres, niños y niñas; de los cuales pienso yo que casi todos se apartaron de la fee cristiana: y yo alcancé á muchos dellos y dellas, y en verdad personas de muy sana intención y muy buena conuersacion, y los que cuando fueron cautibos tenían entendimiento, tenían la creencia en sus corazones muy entera, y casi se estauan en la ynocencia del capillo, y quisieran ser christianos si lo pudieran hacer; y yo saqué secretamente dos dellos á la Villa de Motrin, y de allí el alcaide Martin de Alarcon los enbió á Villacarrillo y á cieza, donde eran naturales; y otros muchos salieron al tiempo que la cibdad se ganó de aquel herrar en que estauan, y se volvieron á nuestra sancta fee cathólica.

Poco después que hizo el Rey Abulhazen esta entrada, hordenó sus gentes y salió por el término de alcalá la rreal, y de alcaudete, porque tenia asentadas treguas con ellos, y entró en tierra de la orden de Calatraua, y tomó los lugares de Santiago y la Higuera, y arrancó dellos todas las personas y ganados, y mató por los caminos y cortijos 6) muchas gentes; y las personas que trahian cautibas pienso yo que serian mas de mili; las quales así mismo casi todas se apartaron de nuestra santa fee católica, y apostataron contra ella, aunque lo mismo digo dellas que de las que arriba dixe, porque así mismo comuniqué muchos dellos, que, quando Granada se ganó, se bolvieron á la fee. Dende á pocos dias sauido por el rrey que la villa de cieça se auia tornado á poblar, tornó segunda vez allá, y cautibó todos los moradores, y quemó el lugar.

Estas y otras entradas hizo en tierra de christianos, especialmente una que llegó hasta la villa de cañete, con yntencion, según el gran poderío que 7) lleuaua de caualleros y peones, que dezian que lleuaua cuatro mili caualleros, y veinte mili peones, con propósito de matar á quantos hallase, y arrancar todos los lugares que pudiese, lo qual pusiera por obra sino que nuestro señor con su prouidencia proueió al contrario; porque como en toda aquella tierra no huuiese agua dulce, hauian andado toda la noche desque amanesció, y tuuieron nescesidad de agua, y la hallaron toda salobre. Acordaron de dar buelta haziendo el menor daño que se pudo hazer, así porque la gente no se detuuiese y peresciese de sed, como porque los que rresciuiesen dapño no siguiesen el alcance, y por mucha prisa que se dieron á boluer, antes que llegasen á donde auian quedado las aguas dulces, murieron de sed gran número de bestias y de gentes, y dixieron los moros por aquella entrada el camino de la sed, y así le llaman hasta oy.

Estando este rrey con tanto poderío en tan buena gouernacion en lo temporal y en tanta pacificación por la mar y por la tierra, qual jamas nunca se vido, á causa de los muchos gastos, así de la paga de las gentes, como de otros gastos, tenia el rrey necesidad, y acordó de proseguir lo que el padre hauia comentado en tornar a tomar las posesiones de la corona Real que sus antecesores auian vendido. Y ansí fué que las tomó todas, que heran gran numero de posesiones, y muy valerosas de Renta: v rreclamando de esto los pueblos, diziendo que se les hazia grande agrauio; y una de las causas era porque al tienpo que ellos auian tomado las posesiones, no las habían conprado de su voluntad, ni fecho de ellas precio alguno; antes ellos estando en sus casas seguros venían a ellos unos criados del rrey, que tenian por nombre alharriques, que eran como uallesteros de maça de los rreyes de castilla, los quales les trayan las cartas de venta de las cosas que los rreyes querían vender, y los precios que el rrey por ellas quería: las quales cartas lleuauan á las personas que se las mandauan lleuar, y les pedían que luego les diesen los marauedís allí contenidos, o les auia de costar la vida. Así que á esta causa el rreyno se alteró mucho, y tomóse por medio que el rrey tomase la mitad de las posesiones y rrentas dellas para ayuda á sus costas y gastos, y los moros ovieronlo por bien y hizose ansí.

Con estas alteraciones algunos caualleros de los criados del padre de la rreina, que no tenian voluntad al rrey, acordaron de concertar un su hermano, que después dixeron el rrey çagal, que fué el que entregó al rrey y á la rreyna católica, de gloriosa memoria, á baça, y á guadix y a almeria, y a otra mucha parte del rreyno, de algalie por rrey; y concertáronlo así con algunos caualleros de la cibdad de málaga. Y el dicho infante salió una noche hurtándose de su hermano, y fuese á la cibdad de málaga donde le alearon por rrey. Lo qual sabido, el rrey su hermano enbió sobre él su hueste, y pusieron su rreal sobre él, y teniéndole cercado carteóse con el hermano, y una noche colgóse con una soga de la fortaleza, y vínose al rreal, y de ay á granada. Luego yncontinente que el Ynfante llegó á la cibdad, el rrey enbió su mizuar, que era el executor general de la Justicia, y pregonó en el Real que el rrey perdonaua á quantos hizieron o dixeron algo contra su seruicio, excepto ciertas personas, pienso que en número de hasta diez o doze. Oydo el pregón, á la ora se leuantó la cibdad de málaga por el rrey, y los que sentían en sí que deuian de ser del número de los exceptados, huyeron á la fortaleza, y aquella misma noche se colgaron por los adarues, de manera que á cabo de dos días ó tres, alearon pendones en la fortaleza de málaga por el Rey, y degollaron ciertas personas, y así se pacificó el rreyno, y se puso en mucho sosiego.

No pasó mucho tienpo quando se apareció una cometa házia la parte del medio dia, allegada mucho al oriente, la qual parescia tan ancha y tan larga como vna espada de dos manos, y se mostraua desde las dos oras antes que esclaresciese el 8) dia, y duraba hasta tanto que la claridad del sol la tapaua. Echaua de si admirable rresplandor, y dizen que paresció por más de treynta días: la cual puso grande admiración en las gentes; y siendo por el rrey consultados algunos astrólogos le dixeron que aquello mostraua grandíssima guerra y grande destruycion en ella.

El rrey quiso rreconoscer qué gente tenia de á caballo en su rreyno, y mandó enbiar sus cartas para que todos los de el rreyno viniesen á hacer alarde para ciertos dias, ansí rrepartidos que los vnos no estorbasen á los otros. Y rrepartiólo en treynta dias, y dexó el postrero, que fué el dia de San Juan, para los criados de su casa, que se halló que eran setecientos de cauallo, y casi la mayor parte dellos Christianos que hauian sido captiuos. Y en la verdad yo conoscí casi ciento de ellos, grandes hombres, así en la gineta como en el esfuerzo, y así eran tenidos en mucha rreputacion del Rey y de los grandes y pequeños del rreyno, y casi todos eran oficiales de la casa del rrey y alcaides y capitanes della. El rrey, mientras se hazia el alarde, esta va en una alcoba que está enfrente de la puerta de la huerta del rrey, que dicen de genelarife, que quiere dezir la más noble y subida de todas las huertas, y por entre el alcoba del rrey, que es altura de dos estados, y entre la puerta de la huerta, por un camino que allí está, passauan los caualleros; adonde cada uno veia al rrey, le hazia su acatamiento, y el rrey lo veia á él, y lo rreconoscia. Así pasaron los veinte é nueue dias, en los quales dizen que se hallaron quatro mili de á caballo, y el postrero dellos las setecientas lanzas, criados del rrey, comentaron á hazer su alarde, y yo vi á muchos de los que allí se hallaron, que dezian que era cosa marauillosa ver los cauallos y arabios, que así los del rreyno como los del rrey avian sacado. Pues haziendo, como digo, los criados de el rrey su alarde, estando casi en la mitad de él, que seria un poco después de las doze, leuantóse de encima de la sierra nevada un nublado de nubes, y comentó á estender por todas las partes del saliente, y en espacio de una hora se hizo muy grande escuridad en todas las partes que parescian del cielo, y comentó una grande agua con mucho granizo y piedra, y con grandes truenos y relámpagos, que parescia, según dizen algunos, que començaua el dia del juicio, y duró quatro oras. Crescieron tanto los rrios, especialmente darro, que salió fuera de madre, y arrancó muchos arboles; entre los quales arrancó vn nogal tan poderoso, que viniendo por el agua abaxo no cupo por debaxo de la puente, que agora dicen de sanctana, porque se atrauesó vn poco, y como se atoró allí, de los otros arboles y orruras que el agua traya detuuieronse en él, de manera que se hizo casi una presa que el agua no podia pasar, y subió por encima de la puente, y por la calle de la cnancillería, y fué por allí hasta llegar á la calle donde agora está la puerta de la cárcel de la cibdad: lleuóse el rrio toda la calle del çacatin, y todas las cortidurias, y toda la alcayceria, y otra gran parte de la cibdad, á donde fué muy grande el daño que hizo en lleuarse y destruyrse todas las mercaderías de la cibdad, porque aquel solía ser y es lugar donde está casi todo el trato, o al menos el más principal de la cibdad.

Estando la cibdad en mucho trabaxo á causa de esto, así por causa de la destruycion y perdimiento, como por la toma que el rrey auia hecho de las posesiones, y estando muy fatigados y descontentos de la persona rreal, uvieron lugar algunos criados del padre de la rreyna de procurar el daño de el rrey, y pusiéronse secretamente en tratar como pudiesen hurtar del alhambra al hijo mayor de el rrey, que era ya de más de veynte años; y como él'estuviese en el quarto de los leones, que hera junto adonde el rrey estaua, no hallaron dispusicion para ello. Mas como la prouidencia divina, quando algo quiere hazer en que se cunpla lo que se tiene hordenado, permitió que se hiriese de pestilencia el menor de los tres hijos de el rrey, y murió de aquella enfermedad; por locualenbió á pedir la rreyna licencia para que con sus hijos y gentes se pasase de allí á otra casa que estaua casi junto con aquella, donde uvo dispusicion que pudo entrar un mudejar de la villa de mora, que es en el rreyno de Toledo, que á la sazón biuia en granada, y se llamaua abrahen de mora, en la casa, so color de vender cobre labrado, y ubo lugar de dar las cartas al príncipe, y por aquellas y otras se hizo concierto por ciertos caualleros de la cibdad de guadix, especialmente por dos que eran muy valerosos hombres, abenadi, y abenecid 9), con los quales traya su trato abrahen de mora 10), al qual yo conoscí y tube por amigo, y era buen hombre, y bien astuto en las cosas de la guerra. Este embiaua las cartas á Guadix á aquellos caualleros, entre unas calderas que embiaua allá con un mancebo que se dezia Abrahan rrobledo, natural de guadalajara, que era moço de unos caldereros, y era su oficio lleuar á uender calderas por el rreyno. Y este fué el moro que después hizo canpo en la vega de Granada con femando de el pulgar. El concierto que se hizo fué para una noche que señalaron, á las diez, poco más o menos, que fuesen seys personas, y lleuasen nuebe cauallos, los quales quedasen en una acequia en la halda de la huerta de generalife, obra de doszientos pasos donde el príncipe estaua; y los hombres fuesen á pié, y llegase abrahen de mora juntamente con ellos al pié del adarue de la posada de el príncipe, á donde los estaría esperando, y los conocería por cierta seña. Llegados, pues, y hecha la dicha seña, el príncipe, como aquel que no dormía, acudió luego á la seña, y echó un cordelito sotíl que tenia en la mano, porque así era el concierto, y ellos en aquel cordel le ataron una soga de lana buen gruesa, la qual él ató á un marmol, y se colgó por la misma cuerda, y con él otro hermano suyo, y ambos á dos tomados por los caualleros con la reuerencia y acatamiento que deuian, les pusieron en las manos sendas espadas y sendas adargas; y dizen que el príncipe y su hermano, aunque eran harto moços, esforçauan los caualleros, y les dezian palabras no de manzebos, y ansí llegaron donde estauan los cauallos, y subieron en ellos, y hallaron gente de á pié allí que los aguardaua, y todos fueron al amanescer cerca de la cibdad de Guadix; y entrado el príncipe en la cibdad, los mismos caualleros que lo auian traydo, enbiaron á otros caualleros de la cibdad con el ynfante hermano del príncipe á la cibdad de almeria, con la qual tenian ya su concierto; y llegado el ynfante á almeria, luego açlaron por Rey al príncipe, y en su lugar dieron la obediencia y omenaje al ynfante.

Así estuuieron por tienpo de seys meses poco más o menos, en el qual todo nunca cesaua el trato entre algunos caualleros de la cibdad de granada con el príncipe y con aquellos caualleros que le auian lleuado para le alear por Rey en la cibdad de Granada; y duró así el trato entre ellos hasta que ubo effecto. Y pasados los seys meses poco más, le alearon por rrey, y echaron fuera de la cibdad á su padre, y ansí vino el príncipe á granada, y estubo en ella después de aleado por rrey seys meses rreynando muy pacificamente 11); y entre tanto su padre estaua rretraydo en el alpuxarra, y el ynfante todavía en almeria con mucha prosperidad y buena boluntad que le tenian.

En este tiempo el rrey nuevo se casó, é hizo solepnes bodas con una hija de el rrey que su padre avia degollado. Y estando ansí paresció á los caualleros que el rrey por contentar á los pueblos deuia hazer alguna entrada en tierra de christianos; y salió poderosamente, y corrió la tierra de luque, y vaena, y alguna parte del maeztrazgo, de donde trujo mucha copia de gente, y muchos ganados, y entró así por la cibdad de granada á donde fué recibido con mucha alegría.

Pero como sea cosa casi natural no estar las cosas mucho tienpo en un ser, paresció á los Grandes de el Reyno, pues tanta gente estaua junta, así de caualleros como de peones, que antes que se esparciese hiziese otra entrada, la qual, aunque fué casi contra la boluntad de el rrey, pero siguiendo el parescer de sus caualleros hizo como ellos dezian, y entró hacia la parte de lucena, a donde el alcaide de los donceles, cuya era la villa, á la sazón estaua, y socorrió luego, aunque con mui poca gente, que se cree que no eran ciento y cinquenta de á cauallo, y apellidóse la tierra haziendo ahumadas, que heran las señales para apellidalla y apercebilla contra los moros. A este apellido vino el conde de Cabra con otra harto poca gente, y vino de manera que los moros no lo vieron venir, porque no rreconosciesen la poca gente que traya; y antes que encunbrase sobre el cerro donde el alcayde de los donzeles estaua, enbióle á dezir que enbiase su pendón, sus atauales y trompetas, y hízolo ansí; y pusieron otra seña en lugar de el pendón, y el conde mandó tocar sus atabales y los del alcaide, y con los dos pendones mostró casi un lado de sus vatallas á que se pudiese ver dende el rreal de los moros. Los quales como vieron diuersos pendones, y oyeron diuersos atabales, y trompetas, pensaron que hera gran número de caualleros; y llegada la gente sobre el cerro, avia mandado el Conde que se pusiesen todos en una ala, uno á par 12) de otro, encima del cerro, de manera que vistos desde el rreal de los moros, paresciese gran número de gente. Después de allí subidos, con acuerdo de el conde y del alcayde se hurtó más de la mitad de aquella gente, rrepartiéndose la otra que quedaua 13) en la misma ala como se estaua; y con uno de los pendones, o con ambos 14), y con las mismas trompetas y atabales, se tornaron á baxar por detras de el mismo cerro donde estauan sin ser sentidos de los moros, y tornaron á subir por la otra parte del cerro tocando sus trompetas y atabales, y mostrando su gente, y en toque de diuersa manera que los primeros ni los segundos lo avian hecho, y subiéronse encima de el cerro, y pusiéronse en ala con la otra gente, donde fueron rrecibidos con grandes muestras de alegría, llamando todos á una voz, como dice el gran Juan de mena: «el nombre del hijo del buen cebedeo.» Lo qual puso en grande espanto á los moros, y creyeron que auian sido muchos dias antes sentidos, y que el andaluzia toda estaua apercebida contra ellos, y que ya se comentaba á allegar. Y por esto, auido entre ellos su acuerdo, uvo algunos cuyo parezer fué que se deuia el rrey boluer antes que más gente se juntase. Otros dixeron que el rrey deuia pasar el arroyo, o el rriatillo que dizen de martin González, en el qual siempre los christianos tenían dañados los pasos, porque los moros algunas vezes que viniesen á almogauarear, o á correr la tierra no lo pudiesen pasar; y dezian estos que pues el rrey tan poderosamente venia, que deuia pasar de el otro cabo, y poner su gente junta, antes que más cristianos viniesen; porque si boluian las espaldas, los cristianos que ya los avian sentido, y la tierra que estaua apercibida, siguirian el alcance, y seria cosa de grande afrenta.

El alatar de loxa, hombre muy antiguo en hedad, que dizen que hera de más de ochenta años, astuto, y sapientísimo en las cosas de guerra, dixo á el rrey: señor, vuestra alta persona no siga ninguno de estos pareceres; esté quedo como está; y pues tan poderosamente se halla en el canpo, no puede tanta gente juntarse de aquí á la tarde que nosotros no seamos más o tantos como ellos, y según la gente viéremos que acude en el dia, la noche nos cubrirá, y verá vuestra rreal persona lo que le conviene hacer. Y demás desto tenemos el arroyo entre nosotros y ellos, que es cosa en que les tenemos harta bentaja. Ouo ay algún cauallero poco experimentado en la guerra, que dixo al alatar: para según lo mucho que aveis vivido y lo poco que os queda de vida, mucho la quereys, y boluió su rostro al rrey, y díxole: pase vuestra alta persona, que gente trae para hazer lo que quisiere. El alatar dixo: mire el rrey nuestro señor lo que haze, y el consejo que toma, que el que yo e dado aquel se deue de seguir, y digo que los que pasaren el arrayo, si fueren los cristianos acá á esta parte, aunque muchos sean, son perdidos; y si los moros pasáremos allá, todos somos perdidos. Y como por nuestro señor estaua ya determinada la perdición de los moros, y el captiuerio de ellos y de su rrey, púsoles en coraron que pasasen el arroyo: y así hordenaron sus batallas, y acordaron que antes que con el pasar de la mucha gente los pasos del arroyo se dañasen mucho, que el rrey deuia pasar en la segunda vatalla. Esto así acordado, alearon el pendón rreal, y tocando los atauales y añafiles y melendias, con gran voz comenzaron á pasar el arroyo.

Entre tanto que los moros tomauan este acuerdo y estauan en estos consejos y diferencias, el sancto conde tomó otro; digo sancto, porque yo le conoscí, y comunique mucho, y me confesó muchos años un fraile de San Hisronimo con quien él se confesaua; y digo en verdad que á lo que yo alcancé á sauer, yo pienso que de persona lega fué la más excelente que en nuestros tiempos aya habido en castilla, y ay muchos testimonios dello en su vida; y uno de ellos no el menor fué el de este dia, porque mientras los moros estauan suspensos, él mandó dezir misa, porque hera de mañana, y dicha la misa, y antes que se dixese, y en tanto que se dezia, el conde y el alcayde y todos los otros se confesaron, y en ver la hostia consagrada en manos de el sacerdote, comulgaron todos con ella spiritualmente.

Luego acauada la misa, el conde hizo una habla á todos, diziendoles que se esforzasen, y no uviesen miedo, que la verdad de la sancta fee cathólica que seguían los haría vencedores, y el apóstol sanctiago, cuyo apellido avian de llamar, los ayudaría á vencer: que no temiesen ni mirasen que los moros eran muchos, y ellos pocos, que por eso dize la sancta madre yglesia que es sancto el señor dios de las vatallas, porque milagrosamente se muestra en ellas, venciendo los pocos a los muchos. Y díxoles: mirad que yo tengo por muy cierto que oy es cautibo el rrey moro, y toda su hueste perdida, si nosotros nos esforzamos y sabemos dar a manos, y esto ha de ser dando en ellos antes que mas gente pase el vado. En muchas cosas les tenemos ventaja, y en ellas mismas nos teman, si lesdexamos pasar el arroyo, y uno de nosotros no escapará: por eso cada uno meta la mano en su alforja, y los peones en las mochillas, y si tienen todos con qué, desayúnense, que el señor alcayde y yo hasta vencida la batalla no nos desayunaremos.

Diziendo estas palabras, desabrochó el braceo derecho, y alçó la manga del jubón y de la camisa, y desnudo el braço, tomó la lança en la mano, y algunos quieren dezir que se quitó el capacete o ceruillera, y ale,ó el adarga, diciendo á grandes vozes; Santiago, santiago, y á ellos, que oy es nuestro día; y así él y el alcayde de los donceles, estribo con estribo, juntos arrancan con los cauallos, y decienden el cerro abajo contra los moros con tan grande alarido, que parecía que los ayres dauan vozes. En esto la primera vatalla y aun casi la segunda avia pasado el arroyo, de manera que heran quatro y aun cinco vezes más los moros que los cristianos; pero luego los moros se pusieron en huida casi todos, boluiendo á pasar el arroyo.

Y á esta sazón el alatar auia pasado el arroyo hazia la parte que estauan los cristianos; y como vido el desconcierto de la gente bol vio házia el arroyo, donde á causa de los muchos caualleros que auian pasado los pasos del arroyo, se auian dañado de manera que el cauallo del Rey atascó en medio del arroyo, y no pudo pasar adelante; y dizen que viendo el alatar en aquel paso al rrey, y la gente así puesta en huida, dixo: nunca plega a dios que á cabo de mi vejez yo venga a morir á manos de cristianos ni ser cabtiuo en su poder. Y dixo al rrey: señor, dios os ayude y esfuerce; y diciendo estas palabras se abaxó un poco el arroyo abajo á donde auia una tabla honda, y bajóse del cauallo, y tendió su cabeza sobre su adarga, y lancóse en el agua. Dicen que su cuerpo jamas fué hallado. Créhese que como hera viejo, y de pocas carnes, que las armas que lleuaua le apesgarían para que no pudiese el agua hechallo arriba.

Estando el Rey en aquella agonia y angustia, llegó un cristiano peón á la orilla del arroyo, y boluió el yerro de la lança para dar un bote con ella al rrey, y un cauallero moro mudejar, natural de toledo, que se dezia Sancta cruz, que estaua ansí mismo su cauallo atascado junto con el del Rey, dixo al peón: guarda, guarda, perro, no le mates, que es el rrey. Oydo esto, el peón estuuo quedo, y en este ynstante llegó otro peón, natural de la villa de baena, de donde también el otro hera, y venia cauallero en un macho de carga en cerro, y el otro peón le dixo: Este es el rrey moro, y juntáronse ambos y sacáronle de la silla, y caualgáronle en la acémila, y el uno saltó encima del acémila junto con él, y el otro la llebaua del cauestro, y asi lo licuaron una gran pieça camino de vaena; y fué de ello auisado el alcaide de los donzeles y algunos de los suyos, y juntáronse quatro ó cinco de cauallo, y fueron tras los que se lleuaban al rrey, y quitáronselo, y suuiéronlo en un cauallo, y lleuáronlo á la villa de lucena, que hera del alcaide de los donzeles, y de aquí vino que al Conde como primer prendedor le dieron el cuerpo del Rey moro de la cinta arriba por armas, y al alcaide de los donceles el mismo cuerpo de la cinta abajo así mismo por armas.

Después por mandato de los rreyes cathólicos don femando y dona ysabel fué lleuado el rrey de luzeaa á porcuna, que es de la horden de calatraua, donde estuuo y fué tratado muy honrradamente, y acompañado de muchos criados y seruidores suyos moros, hasta que los rreyes cathólicos le quisieron hazer merced de liuertar su persona con ciertos capítulos que con él mandaron asentar, los qual es no ponemos aquí por su prolixidad, y porque ya en otros muchos lugares estaran scriptos.

Entre estos capítulos fué uno y el principal que sus altezas le diesen todo fauor y ayuda para que uoluiese á su estado, y que para ello mandase á los grandes del andalucia que acudiesen á sus llamamientos: y así se le dio cierta cédula firmada de sus rreales nombres, por virtud de la qual capitulación luego que fué vuelto á su libertad en la cibdad de córdoba, fué á besar las manos á sus altezas, y de ay se fué á la villa de alcaudete; y con la cédula ya dicha llamó allí ciertos grandes, los cuales vinieron, y consultado allí con ellos lo que le pareció que convenia á su seruicio, se fué á los lugares que dicen Velez el blanco, y Velez el ruvio, que son lugares fronteros á la cibdad de lorca, á donde ya estaua asentado con el alcaide dellos, y con el alguacil, que era un yerno de Abenamar, y un hermano suyo, que se decían los aduladanes 15), para que lo rrecibiesen por Rey: é hízose ansí como estaua concertado.

Dexemos esta ystoria en este estado, y tornemos á dezir del Rey muley abuihacen su padre, el qual como estuuiese huido en el alpuxarra, como diximos, y supiese la prisión y captiuerio de su hijo, embió á la cibdad sus mensajeros, y pregonó que hazia perdón general á todos quantos hizieron y dixeron algo contra su seruicio en las rrebueltas pasadas, si agora se tornasen a él. Por lo cual muchos mouidos, luego alearon pendones por él, y le embiaron sus mensageros para que viniese á la cibdad. Lo qual él hizo luego, y truxo consigo al ynfante su hermano, y á su muger la rromía, y á sus dos hijos: mas la rreyna, su primera mujer, luego que supo la prisión de su hijo, se fué á almeria al otro hijo suyo, y allá lleuó su hija y criados. Luego como el Rey fué buelto á la cibdad, sacó mucho poder de gente, y puso por capitán della al ynfante su hermano, el cual con la gente fué á almeria, y puso rreal sobre ella, y lo tuuo casi seys meses. Pero viendo que no la podia tomar por fuerza, mandó pregonar que hazia perdón general á quantos auian fecho o dicho algo contra su seruicio, ecepto ocho ó diez personas. Y dizen que haziendo el rrey abulhacen por su mano el memorial de las personas que exceptaua, lo escribía delante de la rreyna rromía, su muger, y que a yntercesion della, y forjado é ynportunado della puso por exceptado a su hijo; y algunos quieren dezir que dos veces lo testó, y tantas fué ynportunado á que lo tornase á poner, que quando lo puso dixo ansí: aunque yo lo ponga, á mi hermano á de yr á que lo mande executar, y él no mandará matar á su sobrino, y el mizuar a de yr á executallo, y no degollara él á su señor. La malicia de algunos quiso decir que la rreina auia fecho aquello creyendo que el Rey que estaba cautivo ya nunca saldría, y que muerto estotro, quedaría su hijo por Rey. Sea como fuere, que luego que el pregón se dio, la cibdad de Almeria se leuantó, y todos los principales que se sintieron culpados huyeron á la fortaleza, y aquella misma noche se colgaron por los adarues, y unos por mar y otros por tierra se pusieron en cobro. Solo el triste ynfante se quedó, porque le pareció que la ternura de su hedad le saluaua de culpa, especialmente siendo su padre el que le avia de dar la pena.

Estando ansí dende á dos dias llego allí el mizuar, que era la justicia mayor del rrey, el qual ordinariamente avia de ser negro y esclauo ahorrado. Y esto que fuese negro de guinea se hazia porque ordinariamente los negros no tienen parientes á quien descubran la justicia que el rrey manda hazer, ni de quien se duelan porque lo mande. Llegado pues el mizuar á la fortaleza de almeria, toma al ynfante casi de los brazos de la madre, y tiéndelo en el suelo encima de un alhombra, y córtale la cabeza. Ay alguno que dice que al tiempo que el mizuar llegó á él el ynfante le dixo: ¡como! el rrey mi padre os embia á que me degolléis? El mizuar le dixo: señor, sí; y el respondió: nunca oy ni ley que tal cosa hiziese padre con hijo: deviera mirar mi poca hedad, mas al fin cúmplase su voluntad. Yo tengo necesidad de lavar mi cuerpo para recibir la muerte, y diziendo estas palabras, se comenzó á desabrochar sus rropas, y subióse hazia un patio, y metióse en una aluerca, y labó sus carnes, y pidió ropa limpia y diéronsela, y así pasó desta vida con mucho ánimo y sin ninguna turbación.

Dicen algunos que le conocieron que hera uno de los más hermosos, bien dispuestos y sabios para según su hedad que uvo entre los moros. Dizen todos que el mizuar consultó, y acordó su muerte con el hermano del rrey y tio del ynfante, porque á él venia enderezado el mizuar, y él le dio el memorial de los que auian de morir metido en la carta que traya. Y aun dicen que el mizuar aconsejaba al tio, que aunque el Rey con enojo, y constreñido y forzado auia mandado aquello, que le parecía que su señoría no lo deuia cumplir, y que creya que hera cosa muy mal hecha, y dezia que quando el rrey de palabra le dixo que viniese á hazer aquella justicia, y que él y su hermano mirasen como lo hazian, que se lo dixo como hombre fuera de sentido; y sus rrazones, y otras muchas dixo el mizuar al hermano del rrey por atraelle á que no muriese el ynfante su sobrino, y que lo escondiesen y dixesen al Rey, que ya se havia cumplido su mandado, y que su hijo era muerto. Y aun quieren algunos dezir que esta fué la causa principal porque después el Rey no mandó atenazar, y despedazar á este mizuar, después que fué certificado, á cabo de siete u ocho meses, de la muerte de su hijo, como adelante se dirá.

Esto hecho y muerto el ynfante, el mizuar se volbió para granada, y el ynfante hermano del rrey levantó su rreal, y así mismo se boluio para la cibdad de granada.

Pasados seis meses poco más ó menos, el rey abulhacen, tomó un dia á un paje suyo, y díxole: anda, ué á mi hermano y dile que digo yo que me traiga acá á mi hijo, que tengo muy gran deseo de vello. El paje fué al ynfante, y díxole la embaxada que traya. El Ynfante respondió: di á su alteza que qué es lo que me embia á decir, y buelto el page al rrey con la respuesta, el rrey tornóle á embiar á dezir con un alcayde: dezid á mi hermano que me traiga acá á mi hijo, que baste ya el tiempo de seis meses que ha que me lo tiene escondido. Oydas estas palabras, el ynfante se fué a casa del alguazil, que era, como antes dixe, casi todo el ser de el rreyno, y díxole lo que avia pasado, y que le pluguiese de yr á hablar al rrey, y á le dezir como su hijo hera muerto, como él se Jo avia scripto por su carta, y como venia en el memorial de los que auian de morir, firmado de su nombre. El alguazil, aunque no quisiera yr con tal embajada, mas forzado del ynfante, y biendo que no auia otro rremedio, fué al rrey, y entrando muy disimuladamente, dende á poco rrato entró el alcayde que el Rey auia embiado al ynfante, y dio la rrespuesta diziendo: señor, yo dixe al Ynfante lo que vuestra alteza me mandó, y al alguazil dio la rrespuesta. Entonces el alguazil dixo al rrey: Vuestro estado honrrado embió á dezir al ynfante su hermano que le embiase al señor ynfante, su hijo. El dice que se espanta de vuestra alteza embialle á dezir esto, pues sabe que por una carta firmada de su rreal nombre le embió á mandar que le degollasen, y para eso le embió su mizuar, el qual lleuaua así mismo un memorial firmado de su rreal nombre, en que y van puestas ciertas personas que auian de matar, y el primero dellos hera el Ynfante, y así se hizo: aued, señor, paciencia. Respondió entonces el rrey: mi hermano quiere que yo le dé gracias porque me saluó mi hijo de la muerte; trayganmelo, que yo se lo pagaré. A esto tornó á rreplicar el alguacil con juramento que la verdad hera que su hijo hera muerto, y que no lo podia ver hasta el gran día del juizio.

Oido esto por el rrey, comentó á dezir llorando, y dando grandes vozes: nunca tan gran maldad se vido, ni tío degolló a su sobrino, ni yo crey, que tal le pasara por el pensamiento de hazer, y que auia de mirar, que yo aquello lo mandaua con enojo, y no para que se cumpliese. Esto dezia el rrey con pasión y dolor, como padre, y comentó á dar grandes vozes, y gemidos diziendo: Hijo mío Yuçaf, donde está tu hermosura? nunca tal mandó padre contra hijo, nunca tai executó tio contra sobrino, y diziendo esto dizen que daua grandes golpes con su cabera por las paredes de puro dolor y pasión.

Dende á pocos dias cegó el rrey; y dizen que haziendole muchas medecinas para tornalle la vista, entre otras fué una que estándosela poniendo vn dia en un baño, dizen que le entró vn espíritu en el Cuerpo; y en la verdad ello pasó ansi, porque daua con él en el suelo muchas vezes, y dezia por la boca algunas cosas de aquellas que suelen dezir los que tienen aquella pasión.

Visto esto por el ynfante su hermano, leuantóse por Rey en la cibdad, y tomó al rrey su hermano, y caualgólo en una azémila, y los dos ynfantes sus hijos del Rey en otras sendas, y embiólos á la fortaleza de salobreña. Y dizen algunos que al tiempo que al hijo mayor, que después se llamó don femando, dixeron que suuiese en el azémila, dixo que no lo haria, que le truxesen vn cauailo y que yria con él. Como esto oyó su padre, díxole: Caualgad, hi de puta, perro, que pues vuestro padre va en una azémila, bien podéis vos yr en otra. A la Revna, muger del rrey, digo á la rromia, dexóla allí, y túuola el nueuo Rey consigo, para con halagos, y con le dezir que se avia de casar con ella, le descubriese los tesoros, y joyas del Rey y suyos, en que casa estauan escondidos.

El Rey Abulhacen puesto en salobreña, ciego y endemoniado, dende á pocos días falleció, y pienso que en menos de seis meses. Su cuerpo fue traido en vna azémila por tres o cuatro criados suyos de los que le guardauan; y fué puesto en el mismo campo que agora dizen campo del principe, y estuuo allí desde la mañana casi en amaneciendo hasta la hora de vísperas su cuerpo solo, solamente con aquellos criados que lo auian traido, que ni el rrey ni otra persona no vinieron alli hasta que á la hora de las vísperas vinieron ciertos alfaquies, que son entre los moros como entre los christianos clérigos, y haziendo cierta ceremonia lo subieron á enterrar al alhambra donde solían enterrar los otros rreyes. ¡O admirable juicio de Dios, que por la manera que él trató á su padre le trató su hermano á él hasta dalle la misma muerte y sepultura!

Embiado el Rey abulhacen á la prisión, el Infante su hermano se lebantó por rrey; y como no vuiese quedado otro de la generación rreal, saluo los niños que el tenia presos, señoreóse de toda la tierra, y túuola así por cierto tiempo. Y estando ansí en la cibdad de granada el rrey, y su sobrino en las villas de los Veles, carteóse con ciertos caualleros del aluaizin, losquales le prometieron de le obedescer, y leuantar por su rrey y señor. Y él, sabido esto, con mucho esfuerzo, y osadía, con solos doze de cauallo, y casi otros tantos de á pié, osó atrauesar de noche con almogauares que le traían desde las villas de los Velez hasta la cibdad de granada, que son más de veinte leguas, y venir hasta media legua del aluaicin a donde tenia el concierto. Y allí salieron á él casi quarenta hombres de á pie, y él se apeo allí, y con muy gentil esfuerzo, y muy amorosas palabras, agradeciendo á aquellos Caualleros el peligro en que por él se auian puesto, y prometiéndoles el galardón del, tomó una espada en la mano y una adarga en la otra, y la mitad de la gente delante del, y la otra mitad detras, y por los lados, se fué hasta que entró en el aluaicin por cierto lugar secreto por donde los otros auian salido. Luego que entró, le metieron en una casa a donde ya avia mucha gente armada. Esta gente, y la que con el rrey venia comenzaron á dezir en alta voz: dios todopoderoso ensalce el estado del rrey muley baudeli, hijo de muley abulhazen, señor nuestro. Luego llegaron todos, vno en pos de otro, y besáronle la mano y el pié, y dexáronle ansí con diez ó doze caualleros que le acompañasen, y todos los otros salen por el aluaicin apellidándolo todo, y haziendo saber al pueblo, como su rrey natural está dentro con ellos. Luego pusieron mucho recaudo cerrando las puertas que estauan entre el aluaicin y la cibdad, arrimando á las puertas de madera piedra y tierra y muchos maderos, para que los de la cibdad no pudiesen pasar á ellos.

Así estuuo el rrey en el aluaicin peleando con el rrey su tio, que estava en la cibdad, por espacio de un año poco más ó menos, y los católicos rreyes le fauorescieron, porque luego que el rrey estuvo en el aluaicin, por razón de la capitulación pasada, embió á pregonar las paces por toda la frontera; y fue á las pregonar en la villa de alcaudete un cauailero mudejar, que se dezia bouadilla, con el qual abrahen de mora, aquel que arriba diximos que lleuó á este rrey á guadix, y auíalo ya hecho su interprete, y su alférez mayor, por mandado del rrey me embió una carta á mi, por la qual me embiaua á dezir algunas cosas de las pasadas, y como él tenia necesidad de una persona que viniese á los rreyes Catholicos de su parte, que abria plazer que yo quisiese ser aquel. A esto no me determiné yo luego, porque la entrada del aluaicin era peligrosa. Tenia el rrey noticia de mi desde el tiempo que su rreal persona, saliendo déla prisión, vino á la villa de alcaudete, adonde, como antes dixe, hizo llamamiento de los grandes del andaluzia. Yo viuia allí a la sazón, y á causa e ynterçesion de un mizuar suyo que se decía alhaje, grandissimo amigo mió, su rreal persona me auia muy familiarmente comunicado. Dende á pocos dias, como diré adelante, la cibdad le alzó por rrey; y entonces con aquel mismo bouadilla me tornó el rrey á scriuir, y yo fui allá, donde largamente comuniqué á su rreal persona, y á su madre y mujer, y hija 16), y criados, y donzellas, y lo que scriuí arriba de aquella jornada en que el rrey fué preso, todo lo ohí de su boca del mismo rrey, estando su rreal persona hablando con migo solo en lengua castellana, aunque muy cerrada; y ansí es verdad que hablándole un dia le dixe: Que porqué no hablaua la lengua castellana, pues sabia mucho de ella: me rrespondió una palabra bien de notar, diziendo: «Sí la hablo, mas como no la sé sueltamente, he miedo de errar, y el yerro en la boca de los reyes es muy feo.» Cierto yo tuue esta palabra de gran persona, y es testigo nuestro señor que en cuanto yo del conocí en tres ó quatro años que le comuniqué, assí lo era, y rrealmente creo que si alcanzara á ser cristiano, que fuera uno de los mejores que jamas fueron. Y todas estotras historias que he dicho alcancé á saber de los muchos cristianos peruertidos que auia, así en la cibdad de Granada, como en la casa del rrey, á quien yo mucho comuniqué, y esforçaua para atraellos á que rreconosciesen la verdad que auian dexado, y el error en que estauan. Y como yo tenia aquestos por amigos, y supiese que destas ystorias ellos y ellas sabían mucho, siempre les preguntaua por saber la certenidad dello: y según la calidad de sus personas y la manera de su comuersacion, así creo para mí las historias que he contado en parte, como si las viera.

Estuuo el rrey en el aluaicin, y su tío aleado por rrey en la cibdad, hasta tanto que el rrey Católico don femando salió muy poderosamente, y asentó su rreal sobre la cibdad de velezmálaga, porque entonces los moros vezinos de aquella cibdad embiaron sus cartas al rrey que estaua en el aluaizin, y otras á los alfaquies, y viejos de la cibdad de granada, haziéndoles saber como el rrey cristiano muy poderosamente yba sobre ellos, y que si los socorriesen harían lo que deuian al seruicio de dios, y á la liberación dellos, y donde no, que ellos na podían hazer más que entregar la cibdad.

Visto esto, los moros embiaron á suplicar al rrey que estaua en el alhambra que le pluguiese venir a la mezquita mayor el viernes á la zalá, porque ay le querían hablar. El rrey vino, y el alfaquí mayor hizo un habla y leo las cartas. A esto respondió el alguacil mayor en nombre de la persona del Rey, y en su presencia dixo al pueblo: que su alta persona fuera luego a trabajar de quitar el cerco de Velez, ó morir alli él, y todos los suyos; mas que estando como estaua su sobrino en el albaycjn, que como podia él salir de la cibdad? que luego que él saliese por una puerta, su sobrino se entraña por otra. A esto rrespondieron los principales de los moros, y el alfaquí mayor en su nombre, que si él quería yr, todos le harían juramento de le tener la cibdad en paz y en sosiego, y sin ningún escándalo hasta que boluiese; y no darian lugar á su sobrino ni á otra persona ninguna que contra su seruicio, ni contra su estado hiziese alguna cosa, antes morirían ellos, y sus mugeres, y sus hijos. El rrey rrespondió por su alguazil que si de aquello le hizieren juramento, que él luego yria. Diciendo estas palabras el alguacil mayor al pueblo, el alfaquí mayor, que era como arzobispo, y aun como papa entre ellos, puesto en el pulpito, ó ante aquel lugar alto donde solia hablar al pueblo, con acuerdo del rrey tomó en sus manos uno que dicen tahelí, que es vna capa 17) de cuero pequeña con unas borlas de seda colgando della en que ordinariamente suelen los moros tener vn alcoran, y de aquí tomaron los caualleros cristianos traellos estos tahelies en las guerras, lleuando en ellos rreliquias, y buenas oraciones; y aleóla en alto, y dixo: El rrey y nuestro señor quiere que todos juréis por las palabras que aquí están scriptas que ninguno de vosotros los que estáis presentes, ni de los que están ausentes, en tanto que él va á este socorro, no seréis en dicho, ni en fecho ni en consejo en cosa que sea contra el seruicio de su rreal persona y estado, ni en fauor de su sobrino: todos entonces rrespondieron: Sí juramos.

Luego el rrey dijo al pueblo: ea pues, suso, para mañana todos seamos en el campo. Otro dia de mañana el rrey con toda la mas gente que pudo salió y fué á la cibdad de Velez, y púsose sobre la Sierra que dizen de aventomiz. Pero él no fué salido de la cibdad de granada, casi antes que llegase á Velez, quando en Granada se leuantó vn moro viejo de más de sesenta años, toda la garganta llena de lamparones, que tenia por oficio vender á la puerta del vano que se derrocó para hacer los cimientos de la yglesia mayor, cosas para las mugeres que entrauan á bañarse. Este se subió á una torre que esta en la puerta que dicen de biua mazdal, que es abaxo de la yglesia mayor, y cerró tras si la puerta de la torre; y quitóse la toca que lleuaua en la cabeca, y atóla en una lança que lleuaua en la mano, y comentó á dar voces, diciendo: ensalze dios al rrey muley baudeli, hijo de muley abulhacen. Diziendo esto el moro muchas veces, leuantáronse otros muchos alaridos por las otras torres, y llega la boz á oydos del rrey al albaizin, y caualga él y su gente y su pendón rreal, y tocan los atavales, y añafiles, y melendias, y lebántase grande alarido, así en la cibdad como en el aluaizin. El rrey se bajó hacia la puerta eluira, y entró su mizuar pregonando por la cibdad con pregoneros perdon general á quantos hizieron ó dixeron. Luego se levantó toda la cibdad por este rrey, el qual se metió en la alcazaua en las casas que agora son del marqués de Cénete: y alli fueron luego todos los alfaquies y viejos de la cibdad á le dar la obediencia en nombre de el pueblo, y á le besar el pié.

Esta nueua llegó al rrey su tio en el rreal de Velez, á donde estaua, y casi á dos horas de la noche lebantó el rreal, pensando que llegaría á la cibdad á tiempo que pudiese rremediar algo de lo que se auia fecho. Viniendo pues por el camino le llegaron otros mensageros más ciertos diziendo b que era acontecido. Esto visto por el rrey dexó el camino y fuese á las alpuxarras, y de ay se paso á las cibdades de baça 18) y guadix, á donde estuuo por espacio de dos ó tres años, hasta que el rrey cathólico puso cerco sobre la cibdad de baca, el qual fué el más rreñido, y duró más tiempo que ninguno de los otros que hasta entonces auia auido en el rrey no de Granada, En fin hizo partido con el rrey cathólico, y con cierta capitulación entregó las cibdades de baça y guadix, y almeria, y toda el alpuxarra, y otros muchos lugares que estauan á su mandado, porque solamente la cibdad de granada, con muy pocas alearías cercanas á ella, estauan á su seruicio del rrey pequeño. Hecha la entrega de lo que dicho es, el rrey y los suyos se pasaron allende.

Luego que el Rey D. Fernando concluyó lo de baça, embió por émbaxadores al rrey de Granada á Gonzalo hernandez, alcaide de yllora, que después por su grande excelencia, y nobleza de su persona, mediante la voluntad de dios que le ayudó, cobró rrenombre de gran capitán con justa rrazon, según los hechos hazañosos hizo, y á martin de Alarcon 19), alcaide de moclin. Dada su embaxada al rrey moro, le pareció que auia nouedad con ella en lo asentado, y respondióles que él embiaria sus mensajeros á su alteza. Estos fueron vn caballero de su casa que llamauan albucacin, el qual habló 20) al rrey, y á la rrey na en córdova, y estuuo con ellos algunos dias, y boluió con la rrespuesta, de la qual el rrey quedó muy espantado y admirado, y quisiera rreboluer guerra, si algunos grandes no le aconsejaran que no lo hiziese, mas antes que tornase á embiar sus mensageros segunda vez: El rrey lo hizo ansí, y estando los rreyes católicos en seuilla embio por mensajero al alguazil mayor de la cibdad de granada, que á la sazón era un cauallero que se dezia yuçafe aben comixa, el qual lleuó por acompañado á un mercader muy honrrado que se decía abrahan álcali, grandíssimo amigo mió. Estos también vinieron muy descontentos, diziendo que no se guardaua lo que antes se auia asentado con el rrey ya dos vezes. Con esto se aluorotó la cibdad, y dende en adelante se hizieron guerra los cristianos y los moros, la qual duró por espacio de dos años poco menos. En el qual tiempo el rrey Cathólico salió poderosamente, y asentó su rreal sobre la cibdad de granada en medio de la Vega, donde estuvo ocho meses haziendo cruda guerra a la cibdad, tanto, que de mili y dozientos y cinquenta caualleros que auia en la cibdad al tiempo que el rrey asentó sobre ella su rreal, no se hallaron al tiempo que se entregó más de ciento y cinquenta.

Estando como dezimos el rey así poderosamente sobre granada, casi dos leguas della, acordó de hazer allí una villa muy fuerte, que llaman santa fe, y dexar allí algunas capitanías para que hiziesen guerra á la cibdad, y lebantar él su rreal hasta otro verano. Ovo entre sus principales quien fué de parecer que su alteza deuia antes que lebantase el rreal salir poderosamente, y trabar los caualleros cristianos escaramuza con los moros, y apartallos de la cibdad poco á poco lo más que pudiesen, y así apartados, tornasen sobre ellos, no curando de matar ni de rrouar, saluo de se entrar por las puertas de la cibdad, aunque fuesen rrebueltos los cristianos y los moros, y muriese quien muriese. Este consejo y acuerdo determinó el rrey executar otro día; pero fué sabido por un mudéxar que se auia salido del aluaicin con abulcaçiçi abençerrage al rreal; y como lo alcancó á saber, aquella tarde al tiempo que se abaxaron las batallas háçia el rreal, que hera casi puesta del sol, él se quedó atrás disimuladamente, y dixo á un moro todo lo que auia pasado en el rreal para que lo dixese al rrey, y porque todos estuuiesen sobre el auiso. El moro lo dixo al Rey, el cual acordó con sus caualleros de salir con la más gente que pudiese y dar batalla, y morir todos antes que recibir tal afrenta en que una ciudad tan grande se entregase así.

Con este acuerdo otro dia de mañana el rrey se levantó, y adobó su cuerpo, como suelen hazer los moros quando se ponen á peligro de muerte, y pidió sus armas; y á la puerta de la sala de la torre de comares, siendo presente su madre, muger, y hermana, y muchas damas, y donzellas, quando se acabó de armar, pidió la mano á su madre, y dixo que le diese su bendición, y abracó á la hermana y besóla en el pescuezo, y á su muger abracó, y besó en el rrostro, y lo mismo á un hijito suyo, lo qual todo él ordinariamente solia hazer cada dia que salia á la batalla, y aquel dia añadió vna habla, diziendo á la madre y á todas las otras personas que le perdonasen algunos enojos que les abria dado.

Entonces se escandalizó la rreyna su madre de esta nouedad, y turbada le dixo:

– ¿Qué nouedad es esta, hijo mió?

El rrey le respondió:

– Señora, no es ninguna; mas es rrazon que yo haga esto.

En diziendo estas palabras la madre se ase de el hijo y dízele:

– Hijo mió, conjuróos con Dios, y la obediencia que me deueis, como á vuestra madre, que me digáis qué queréis hazer, y dónde is.

Y quando dezia esto, comenzó á llorar, y viendo las otras dueñas que la madre del rrey lloraba, se leuanta tan grande alarido en toda la casa, que parecía que lo tenían muerto. Y todabía la madre asida de su hijo no le quiso dexar hasta que le dixo lo que auia pasado, y lo que se hauia concertado en el rreal de los cristianos. A lo qual respondió su madre:

– Pues hijo ¿a quién encomendáis vuestra triste madre, y muger, y hijos y hermana, parientes, y criados, y toda esta cibdad, y los otros pueblos que os son encomendados? ¿Qué cuenta daréis á dios dellos poniendo en ellos tan mal rrecaudo como ponéis, dando la horden que dais para que todos muramos a espada, y los que quedaren sean cautiuos? Mirad bien lo que hazeis, que en las grandes tribulaciones an de ser los grandes consejos.

El rrey rrespondió:

– Señora, muy mejor es morir de una vez, que viviendo morir muchas veces.

La madre le dixo:

– Verdad es, hijo, lo que decis, si solamente vos muriésedes, y todos se saluasen, y la cibdad se libertase; mas tan gran perdición es muy mal hecho.

El rrey respondió:

– Dexadme, 21) senora, que los caballeros me esperan.

Su madre le replicó:

– Vive Dios que nos [os] dexe hasta que me prometáis de no poneros oy en lugar peligroso, y de tener lustra jente no se aparte de las puertas de la ciudad.

Y no le soltó de las manos hasta que en el ehahel que llevaba le juró de lo hacer ansí. Porque aquél era juramento que el rey y los grandes de los moros hacían.

Saliendo el rey al campo, mandó tener la gente para que lo acordado en el real de los cristianos no viniese a efecto. Y esto fue la causa, como he dicho, para que muchos pensasen que la reina de allí en adelante fuese en aconsejar al rey que atomase algún medio con los Reyes Católicos, para que ellos y los de la ciudad y pueblos fuesen libres para poderse pasar en Africa. . . . . . . . . . . . .

 

――――――――

 

1) E. discretos. 

2) Ambos MS. dicen della, mas el sentido parece exigir dello. 

3) E. demediaua. 

4) Los dos MS. dicen: hize. 

5) E. delantamiento. 

6) O. castillos. 

7) Falta la palabra que en los dos MS. 

8) E. y O. del. 

9) E. abenceyo. 

10) E. Alora. 

11) O. fácilmente, pacificamente. 

12) O. aparte. 

13) E. que daua. 

14) O. y con ambos. 

15) O. Adailadanes. 

16) O. hijos. 

17) Así dicen los dos manuscritos. 

18) Los dos manuscritos dicen Baeça. 

19) Los dos manuscritos dicen á min de alarcon.  

20) E. halló. 

21) El historiador Juan de Mata Carriazo, en su obra «En la frontera de Granada», manifiesta haber encontrado la continuación al tan bruscamente interrumpido relato, en dos párrafos del capítulo III de la «Crónica de los Reyes Católicos». Damos aquí un pequeña parte de esta continuación.